Sotogrande Spain


Cualquiera que viva en Sotogrande tiene por costumbre visitar las ciudades miticas de Andalucia como Granada, Córdoba o Ronda. Pero además, descubrir la verdadera Andalucia lejos de la saturacion de las agencias de viajes es perfectamente posible, empezando por la propia Ciudad de San Roque a tan solo 15 Km. de Sotogrande. San Roque, cuya fundación se fecha en 1704 resume todo el encanto de la arquitectura andaluza del siglo XVIII. Esquinada e ignorada por la afluencia de visitantes que entran y salen de Gibraltar y resguardada de los humos de la Bahía de Algeciras preserva en su interior calles estrechas y empinadas, profusión de geranios en sus ventanas enrejadas y aromas que naranjos y limoneros expanden desde los patios escondidos de sus casonas.

Siguiendo por la Costa, tras Algeciras, se pasa el Puerto del Bujeo, muy frecuentemente velado por nieblas del Estrecho, el viajero desemboca en Tarifa. Enclave árabe por excelencia, recuperado tantas veces por Castellanos y Navarros es hoy objecto de deseo, no por sus méritos militares sino por sus maravillosas playas de arena blanca y viento duro que las convierte en la capital mundial del windsurfismo. Luego Vejer, Jimena, Gaucin, con el sufijo "de la Frontera," recordándonos siempre las luchas entres árabes y cristianos, permanente música de fondo en la cultura andaluza. Castellar de la Frontera por ejemplo, es una fortaleza árabe que se alza entre rocas en un valle con un lago a sus pies. Evoca el fortín misterioso que perdió su importancia estratégica con la caída del Reino de Granada. Hace solo veinte años Castellar fue virtualmente abandonado por sus habitantes a quienes el estado facilitó viviendas más confortables en un pequeño pueblo nuevo.

El antiguo reducto de casas viejas, algunas increiblemente pequeñas y pegadas a los muros del siglo XIII, fue ocupado por una población hippy a la que fueron uniendose británicos y habitantes diversos del Norte de Europa. Hoy se trata de un enclave típicamente bohemio que sobrevive a pesar de sus dificultades.

Si el viajero conduce por las carreteras que cruzan las sierras interiores, estrechas y llenas de curvas, siempre subiendo, puede ir haciendo escala en los pueblos blancos, siempre en alto donde mulas y caballos son el mejor medio de transporte. Los bosques detrás de Castellar contienen descubrimientos como el convento de la Almoraima que hoy convertido en hotel sigue brindando muchas veces al visitante la sensación de soledad más absoluta.

Esto no ocurre en Jimena de la Frontera, sitio poblado y vivo tras las horas quietas de la siesta. Se trata de un pueblo grande, tambien en alto y con un castillo árabe, donde pueden encontrarse retaurantes y cafés magníficos para tomarse unas tapas y una manzanilla. Tras la parada hay que seguir subiendo para llegar a Gaucin. Algo de lo salvaje de España se hace patente en esta parte del viaje. El campo es bueno para la caza de venado y jabalí, con un tráfico casi inexistente en sus carreteras imposibles que llevan a fincas y a casas muy alejadas entre si. Enquistado en un promontorio rocoso, Gaucin domina desde sus calles empinadas y estrechas las vistas espectaculares de Gibraltar y el Norte de Africa. De aquí se puede seguir a Ronda, la ciudad emblemática de la zona, perdida entre la sierras que llevan su nombre, romántica por excelencia y cobijo de escritores e intelectuales. O bien bajar hacia Casares, enclavado también entre viento y rocas, ya cercano a la Costa. La carretera de comunicación está en obras de modo permanente y atenta de modo agresivo contra las suspensiones de los coches. Es una sucesión de badenes y hoyos que corren por el valle del río Genal a las faldas de sierra Cristalina.

En la parte vieja de Casares se encuentran no solo casas directamente construidas en las rocas, como pegadas a ellas sino promontorios rocosos emergiendo inesperadamente de las vallas blancas de casas y jardines con largas ristras de tomates y pimientos secando al sol.

La llegada a la Iglesia, en ruinas desde la última guerra civil española es a través de un arco del Siglo XVI y recuerda que los pueblos de los alrededores se alinearon en el bando republicano de la contienda. La parte más alta del pueblo presenta las vistas más espectaculares e inesperadas a un viajero preso de vértigo, al bajar con la vista valle abajo, lejos muy lejos...

Desde Casares entre olivos y alcornoques serpentea la carretera de vuelta a Sotogrande. Algunas fincas con casas elegantes te recuerdan que te acercas a otro tipo de civilización ... Esto solo ha sido un avance de un par de días, de lo que puedes conocer simplemente, partiendo de Sotogrande.


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